SEMINARIO SOBRE RECREACIÓN
La perspectiva Cristiana
Este
mundo tiene diversiones cada vez más atractivas para los jóvenes, contra las
cuales se hace muy difícil batallar. Inclusive dentro de nuestra iglesia, se ha
tratado de filtrar algunas tendencias y recreaciones no muy buenas, pero que
aceptamos con la excusa de que no se alejen nuestros jóvenes, pero los consejos
de Dios a través de la hermana Elena G. de White, son contundentes al respecto.
“Mientras procuramos refrescar nuestro ánimo y vigorizar
nuestro cuerpo, Dios requiere de nosotros que empleemos todas nuestras
facultades en todo momento con el mejor propósito. Podemos y debemos dirigir
nuestras recreaciones de tal manera que nos dejen en mejores condiciones para
desempeñar con éxito los deberes que nos incumben, y que se acreciente el
beneficio de nuestra influencia sobre aquellos con quienes tratamos. Podemos
volver de esas ocasiones a nuestros hogares con mejor ánimo, refrigerados
físicamente, y preparados para reanudar nuestro trabajo con más esperanza y
valor.
Pertenecemos
a la clase de los que creen que es su privilegio glorificar a Dios en la tierra
cada día de nuestra vida; que no vivimos en este mundo solamente para
divertirnos y agradarnos a nosotros mismos. Estamos aquí para beneficiar a la
humanidad y a la sociedad; pero si permitimos que nuestra mente vaya por el
cauce bajo de la de muchos que buscan solamente la vanidad y la insensatez,
¿cómo podremos beneficiar a nuestra especie humana y a nuestra generación?
¿Cómo podemos ser una bendición para la sociedad que nos rodea? No podemos
participar inocentemente en cualquier diversión que nos incapacitará para el
desempeño más fiel de nuestros deberes comunes.
Entre
las compañías frecuentadas por los seguidores de Cristo para obtener recreación
cristiana, y las reuniones mundanas para obtener placer y diversión, existirá
un notable contraste. En vez de la oración y mención del nombre de Cristo y de
las cosas sagradas, se oirá de los labios de los mundanos, la risa insensata y
la conversación trivial. El objeto es divertirse en forma general. Sus
diversiones comienzan con insensatez y terminan con vanidad. Debemos
conducirnos y dirigir nuestras reuniones de tal manera, que al volver a
nuestros hogares podamos tener una conciencia libre de ofensa hacia Dios y los
hombres; una seguridad de que no hemos herido ni perjudicado en nada a aquellos
con quienes hemos estado asociados, ni hemos ejercido una influencia
perjudicial sobre ellos.
La
mente natural se inclina hacia el placer y la complacencia propia. Es política
de Satanás fabricarlos en abundancia. El procura llevar la mente de los hombres
con un deseo de diversión mundanal, a fin de que no tengan tiempo de hacerse la
pregunta: ¿Cómo está mi alma? El amor a los placeres es infeccioso. Entregada a
él, la mente vuela de un punto a otro, buscando siempre una diversión. La
obediencia a la ley de Dios contrarresta esa inclinación y construye barreras
contra la impiedad.
Los
jóvenes deben recordar que son responsables de todos los privilegios de que han
disfrutado, del aprovechamiento de su tiempo y del debido uso de sus
capacidades. Pueden preguntar: “¿No tendremos diversión o recreación?”
“¿Trabajaremos y trabajaremos y trabajaremos, sin ninguna variación?”” (La
Educación cristiana, cap. 49 La recreación cristiana)
Hay
una diferencia entre recreación y diversión. La recreación, cuando responde a
su nombre, recreación, tiende a fortalecer y reparar. Apartándonos de nuestros
afanes y ocupaciones comunes, provee refrigerio para la mente y el cuerpo, y de
ese modo nos permite volver con nuevo vigor al trabajo serio de la vida. Por
otra parte, se busca la diversión para experimentar placer, y con frecuencia se
la lleva al exceso; absorbe las energías requeridas para el trabajo útil, y resulta
de ese modo un obstáculo para el verdadero éxito en la vida.
Hay personas para quienes la religión es un símbolo de tiranía
que las gobierna con vara de hierro. Ellas lamentan constantemente su propia
depravación, y se quejan por males supuestos. No existe amor en su corazón; su
rostro es siempre ceñudo. Las deja heladas la risa inocente de la juventud o de
cualquiera. Consideran como pecado toda recreación o diversión, y creen que la
mente debe estar constantemente dominada por pensamientos austeros. Este es un
extremo. Otros piensan que la mente debe dedicarse constantemente a inventar
nuevas diversiones a fin de tener salud. Aprenden a depender de la excitación,
y se sienten intranquilos sin ella. Los tales no son verdaderos cristianos. Van
a otro extremo. Los verdaderos principios del cristianismo abren ante nosotros
una fuente de felicidad cuya altura, profundidad, longitud y anchura son
inconmensurables.
El
capítulo 47 del libro El hogar Cristiano,
nos habla de lo esencial que es la recreación en cada ámbito de la vida de
un cristiano.
“Es privilegio y deber de los cristianos
procurar refrigerar su espíritu y vigorizar su cuerpo mediante recreaciones
inocentes, con el propósito de utilizar sus facultades físicas y mentales para
la gloria de Dios. Nuestras recreaciones no deben consistir en escenas de
alegría sin sentido ni rebajarse a la insensatez. Podemos dirigirlas de tal
manera que beneficien y eleven a aquellos con quienes nos asociamos, y nos
dejen a ellos y a nosotros mismos mejor preparados para cumplir con éxito los
deberes que nos incumben como cristianos.”
Es
común que trabajemos arduamente sin concedernos cambios ni plazos de descanso.
La recreación es necesaria para los que se dedican al trabajo físico y es aún
más esencial para aquellos cuya labor es principalmente mental. No es esencial
para nuestra salvación ni para la gloria de Dios que mantengamos nuestro
intelecto trabajando de continuo y en exceso, ni aun cuando lo dedicamos a
temas religiosos.
“El tiempo pasado en ejercicio físico no es perdido. Un
ejercicio proporcionado de todos los órganos y facultades del cuerpo es
esencial para el mejor trabajo de cada uno. Cuando el cerebro está
constantemente recargado, en tanto que los demás órganos de la maquinaria
viviente se hallan inactivos, hay una pérdida de fuerza física y mental. El
sistema físico es despojado de su saludable tono, la mente pierde su frescura y
vigor, y una excitabilidad morbosa es la consecuencia.
La
atención prestada a la recreación y a la cultura física interrumpirá sin duda a
veces la rutina del trabajo escolar, pero la interrupción no será un verdadero
obstáculo. Con el fortalecimiento de la mente y del cuerpo, el cultivo de un
espíritu abnegado, y la unión del alumno y el maestro por lazos de interés
común y amistad, se recompensará cien veces el gasto de tiempo y esfuerzo. Se
proveerá un uso correcto a la inquieta energía que con tanta frecuencia es una
fuente de peligro para los jóvenes. Como salvaguardia contra el mal, el hecho
de estar preocupada la mente con cosas buenas, es de mucho más valor que un
sinnúmero de barreras, de leyes y de disciplina.”
La
salud es un don de Dios y es nuestro deber cuidar de ella. La temperancia de la
que tanto hablamos como cristianos, cubre el ser equilibrados con el tiempo que
invertimos para el trabajo y también para la recreación física y mental que nos
ayudará a tomar nuevas energías y recargará nuestras baterías para las actividades que tanto nos ocupan.



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