EL ESTUDIO DE LAS ACTITUDES
Relación entre las actitudes y las relaciones
interpersonales
El
éxito que experimentemos en nuestra vida depende en gran parte de la manera
como nos relacionemos con las demás personas y la forma como reaccionamos ante
las diferentes situaciones de la vida.
Según Floyd Allport, una actitud es una disposición mental y neurológica,
que se organiza a partir de la
experiencia que ejerce una influencia directriz o dinámica sobre las reacciones
del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les
corresponden. Mientras que Eduardo Moreno dice que las actitudes son
demostraciones concretas de sentimientos y percepciones adquiridas, proyectadas
en personas, grupos u objetos.
En
resumen, la actitud es estado del ánimo
que se expresa de una cierta manera como reacción ante cierta circunstancia y
encontramos tres componentes principales:
Componente
cognitivo:
Para que exista
una actitud, es necesario que exista también una representación cognoscitiva de
objeto. Está formada por las percepciones y creencias hacia un objeto, así como
por la información que tenemos sobre un objeto.
Componente afectivo:
Es
el sentimiento en favor o en contra de un objeto social. Es el componente más característico
de las actitudes.
Componente
conductual:
Es
la tendencia a reaccionar hacia los objetos de una determinada manera. Es el componente
activo de la actitud.
A fin
de garantizar resultados positivos en las relaciones interpersonales que día a día
practicamos en nuestro entorno de acuerdo al rol que desempeñamos, es necesario
estar atentos de:
- · Cómo actuamos
- · Sabemos manejar nuestras emociones
- · Cómo garantizamos que nuestras relaciones nos proporcionen esos resultados positivos
Definitivamente,
nuestra actitud es esencial a la hora de relacionarnos con los demás, y más, si
entendemos que cada persona es un mundo con situaciones, emociones, propósitos,
miedos y anhelos diferentes. Existen algunos pasos que nos ayudarán a entender
mejor el mundo de otro.
- · Comprender sus sentimientos y escuchar sus ideas
- · Preguntarle sus opiniones y expectativas
- · Escuchar sus demandas
- · Conocer sus dificultades al ejecutar las tareas
- · Conocer su motivación
- · Ofrecer un cauce a sus motivaciones
Al abordar el tema de las relaciones
interpersonales, es imposible no mencionar la comunicación, siendo éste un tema
de vital importancia y de tanta trascendencia para establecer una interacción
con las demás personas que intervienen en nuestro mundo.
La
comunicación es un proceso de transmitir
o recibir información de una o varias personas a otra diferente. Es un proceso
o conjunto de procesos físicos y psicológicos mediante los cuales se ponen en relación
dos o más personas.
Estos
son los cimientos y principios de
una buena comunicación:
Mejorar
nuestra capacidad de escucha
Antes
de actuar o hablar es necesario detenerse a escuchar, tanto lo que expresa la
otra persona como lo que dicen nuestros sentimientos. De hecho, cuanto más
escuchemos nuestra voz interior, mejor oiremos las de afuera. Cuando hacemos
silencio para escuchar demostramos que hay sabiduría en nosotros. El sabio
Salomón en Proverbios 17:28 dice que “Aun el necio, cuando calla, es tenido por
sabio, cuando cierra los labios, por prudente.”
Hacer
observaciones sin evaluar
No
es lo mismo decir: "No sabía si hoy vendrías a comer", que
"nunca te acuerdas de avisarme". Al hacer observaciones hablamos de
un contexto y de un momento determinado, sin apelar a los hechos pasados, y
comunicando cómo nos sentimos de forma clara. Si lo mezclamos con una
valoración es más probable que la otra persona recoja la crítica y oponga
resistencia. No estamos en la capacidad de juzgar, y cuando lo hacemos,
fallamos. “No juzguéis para que no seáis juzgados”, nos dice la Palabra de Dios
en Mateo 7:1
Identificar
y expresar sentimientos
Existe
en general una dificultad para reconocer y expresar abiertamente los
sentimientos. Es preferible intentar explicar nuestras emociones de forma más
definida y menos vaga (en lugar de decir: "estoy bien", mejor decir:
"Me siento animado y entusiasmado porque...").
Asumir
la responsabilidad de nuestros sentimientos
Esto
significa reconocer que la rabia, el amor o el odio que nos despiertan ciertas
personas o comentarios son exclusivamente nuestros. Es el resultado de cómo
decidimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, de acuerdo con nuestras
expectativas o necesidades.
Saber
pedir lo que necesitamos
Es
preciso diferenciar entre una exigencia y una petición. La exigencia comporta
desconfianza, pues manifestamos nuestros deseos bajo una amenaza implícita o
explícita en el caso de que no se satisfagan. En cambio, cuando formulamos una
petición la otra persona no se siente obligada a cumplirla. Solo queremos que
haga lo que le pedimos si le apetece. El respeto es esencial.
Entender que no siempre se tiene la
razón
Todos
estamos en peligro de equivocarnos, juega un papel importante a la hora tener
una buena comunicación y, por consiguiente, buenas relaciones interpersonales.
La humildad en el momento de reconocer que nos hemos equivocado y la
disposición de aprender de todas las situaciones y todas las personas, nos hace
grandes. Así seremos personas agradables y sabias para comunicar, enseñar y
recibir enseñanza.
Ponerse en el lugar del otro
Jesucristo
nos dejó una regla de oro, la cual nos dará la clave para tener excelentes
relaciones interpersonales y nos ayudará en nuestra labor de instructores,
misioneros y evangelistas de nuestros jóvenes y liderados: “Haz a los demás
todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se
enseña en la ley y en los profetas” Mateo 7:12



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