viernes, 7 de julio de 2017

Métodos efectivos de entrenamiento

MÉTODOS EFECTIVOS DE ENTRENAMIENTO
Informe del seminario



Existen muchos métodos de entrenamiento y de preparación para el liderazgo, pero definitivamente, no hay una mejor forma que la enseñada por nuestro Señor Jesús mediante su ejemplo cuando estuvo en esta tierra: El discipulado.

El discipulado es un proceso continuo por el cual una persona es atraída a Cristo y se desarrolla al nivel de un creyente maduro y reproductivo en la iglesia.

“El discipulado es una trayectoria que dura toda una vida de aprendizaje y obediencia a Cristo. Él transforma los valores y el comportamiento de una persona, lo que resulta en un ministerio en el hogar, en la iglesia y en el mundo” (Emilio Abdala).

Según estos conceptos, el discipulado presenta las siguientes características:

  •     Es un proceso continuo.
  •     Desarrolla la madurez espiritual y misionera del creyente.
  •     Es una tarea para toda la vida.
  •     Implica aprendizaje y obediencia.
  •    Transforma los valores y el comportamiento
  •     Resulta en el cumplimiento del ministerio en los diferentes medios en que la persona se       desenvuelve.


¿Por qué tener un ciclo de discipulado? El ciclo para la formación de discípulos es la respuesta de la iglesia ante las siguientes necesidades:

1.    Cumplir con el imperativo bíblico En la gran comisión dada por Cristo en Mateo 28:18 al 20, hay cuatro verbos: Ir, hacer discípulos, bautizar y enseñar. De estos, solo uno es imperativo, o de orden: “haced discípulos”. Los otros tres son verbos auxiliares, o participios. Así, podemos decir que el producto final, o blanco, de la Gran Comisión es hacer discípulos. Ir, enseñar y bautizar son los medios establecidos por Cristo para alcanzar el objetivo principal, que es hacer discípulos.

2.    Combatir el estancamiento y la apostasía No basta con bautizar; la iglesia necesita invertir en el proceso de la madurez espiritual de los conversos y en su desarrollo en la misión, de acuerdo con sus dones espirituales. Como resultado, habrá una multiplicación de las fuerzas para la predicación del evangelio y una disminución de la apostasía.

El proceso de la práctica del discipulado se divide en cuatro partes fundamentales:

  •     Yo hago, tú miras
  •     Yo hago, tú me ayudas
  •     Tú haces, yo te ayudo
  •     Tú haces, yo te miro


Debemos preparar a nuestros jóvenes y entrenarlos para que lleguen a ser misioneros. Los jóvenes bajo una sabia dirección, quedarán preparados para ocupar puestos de confianza, y tanto por el precepto como por el ejemplo ayudarán constantemente a otros a hacer el bien”. (JT. 3 Pág. 175)


Mediante el servicio a Dios y al prójimo, obtenemos grandes resultados en la enseñanza e inducción a nuestros jóvenes y líderes en formación. Mediante una vida de servicio en favor de otros, el hombre se pone en Última relación con Cristo. La ley del servicio viene a ser el eslabón que nos une a Dios y a nuestros semejantes. ." (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 262.)

El ejemplo es una parte supremamente importante en la dirección de jóvenes y en el discipulado. Los niños y jóvenes aprenden más por lo que ven que hacen sus líderes que por lo que escuchan que sus líderes les dicen. Debemos tener un comportamiento tal, que nos dé la autoridad moral para enseñar, reprender y exhortar a nuestros jóvenes a ser mejores cada día y a prepararnos para la vida eterna.

Aunque es cierto que nuestra visión es limitada, debemos hacer lo posibles por reconocer el potencial que hay en nuestros jóvenes y entender que en cada uno de ellos, más que un candidato para el reino de los cielos, hay un líder y evangelista que llevará a muchos más a los pies de nuestro Dios.

Vivir una vida de fe y comunión con el Señor es una experiencia maravillosa. Lograr que nuestros jóvenes sientan ese mismo deseo y vivan una vida de oración, es algo mucho más satisfactorio. Debe ser nuestro objetivo, a la hora discipular, tratar de impartir este deseo y que Dios sea nuestro gran líder juvenil.

Algo que también nos llena de satisfacción, es ver cómo nuestros muchachos se convierten en líderes y pronto llegan a ocupar el lugar en el que un día estuvimos sirviendo a Dios. La causa no es nuestra, es del Señor. Por lo tanto, Él es quien escoge quién será el líder de turno para sacar adelante la misión, pero qué bueno sería si somos herramientas de Dios, ayudando también con la formación y desarrollo de más líderes.

"Con semejante ejército de  obreros como el de nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡Cuán pronto se proveería a todo el mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir! (Consejos para los Maestros, p. 540.)










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