MÉTODOS
EFECTIVOS DE ENTRENAMIENTO
Informe
del seminario
Existen muchos métodos de entrenamiento y de preparación para el liderazgo, pero definitivamente, no hay una mejor forma que la enseñada por nuestro Señor Jesús mediante su ejemplo cuando estuvo en esta tierra: El discipulado.
El
discipulado es un proceso continuo por el cual una persona es atraída a Cristo
y se desarrolla al nivel de un creyente maduro y reproductivo en la iglesia.
“El
discipulado es una trayectoria que dura toda una vida de aprendizaje y
obediencia a Cristo. Él transforma los valores y el comportamiento de una
persona, lo que resulta en un ministerio en el hogar, en la iglesia y en el
mundo” (Emilio Abdala).
Según
estos conceptos, el discipulado presenta las siguientes características:
- Es un proceso continuo.
- Desarrolla la madurez espiritual y misionera del creyente.
- Es una tarea para toda la vida.
- Implica aprendizaje y obediencia.
- Transforma los valores y el comportamiento
- Resulta en el cumplimiento del ministerio en los diferentes medios en que la persona se desenvuelve.
¿Por qué tener un ciclo de discipulado?
El ciclo para la formación de discípulos es la respuesta de la iglesia ante las
siguientes necesidades:
1. Cumplir con el imperativo bíblico En la gran comisión
dada por Cristo en Mateo 28:18 al 20, hay cuatro verbos: Ir, hacer discípulos,
bautizar y enseñar. De estos, solo uno es imperativo, o de orden: “haced
discípulos”. Los otros tres son verbos auxiliares, o participios. Así, podemos
decir que el producto final, o blanco, de la Gran Comisión es hacer discípulos.
Ir, enseñar y bautizar son los medios establecidos por Cristo para alcanzar el
objetivo principal, que es hacer discípulos.
2. Combatir el estancamiento y la apostasía No basta con
bautizar; la iglesia necesita invertir en el proceso de la madurez espiritual
de los conversos y en su desarrollo en la misión, de acuerdo con sus dones
espirituales. Como resultado, habrá una multiplicación de las fuerzas para la
predicación del evangelio y una disminución de la apostasía.
El proceso de la práctica del
discipulado se divide en cuatro partes fundamentales:
- Yo hago, tú miras
- Yo hago, tú me ayudas
- Tú haces, yo te ayudo
- Tú haces, yo te miro
Debemos preparar a nuestros jóvenes y
entrenarlos para que lleguen a ser misioneros. Los jóvenes bajo una sabia
dirección, quedarán preparados para ocupar puestos de confianza, y tanto por el
precepto como por el ejemplo ayudarán constantemente a otros a hacer el bien”.
(JT. 3 Pág. 175)
Mediante el servicio
a Dios y al prójimo, obtenemos grandes resultados en la enseñanza e inducción a
nuestros jóvenes y líderes en formación. Mediante una vida de servicio en favor
de otros, el hombre se pone en Última relación con Cristo. La ley del servicio
viene a ser el eslabón que nos une a Dios y a nuestros semejantes. ."
(Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 262.)
El ejemplo es una parte supremamente
importante en la dirección de jóvenes y en el discipulado. Los niños y jóvenes
aprenden más por lo que ven que hacen sus líderes que por lo que escuchan que
sus líderes les dicen. Debemos tener un comportamiento tal, que nos dé la
autoridad moral para enseñar, reprender y exhortar a nuestros jóvenes a ser
mejores cada día y a prepararnos para la vida eterna.
Aunque es cierto que nuestra visión es
limitada, debemos hacer lo posibles por reconocer el potencial que hay en
nuestros jóvenes y entender que en cada uno de ellos, más que un candidato para
el reino de los cielos, hay un líder y evangelista que llevará a muchos más a
los pies de nuestro Dios.
Vivir una vida de fe y comunión con el
Señor es una experiencia maravillosa. Lograr que nuestros jóvenes sientan ese
mismo deseo y vivan una vida de oración, es algo mucho más satisfactorio. Debe
ser nuestro objetivo, a la hora discipular, tratar de impartir este deseo y que
Dios sea nuestro gran líder juvenil.
Algo que también nos llena de
satisfacción, es ver cómo nuestros muchachos se convierten en líderes y pronto
llegan a ocupar el lugar en el que un día estuvimos sirviendo a Dios. La causa
no es nuestra, es del Señor. Por lo tanto, Él es quien escoge quién será el
líder de turno para sacar adelante la misión, pero qué bueno sería si somos
herramientas de Dios, ayudando también con la formación y desarrollo de más
líderes.
"Con
semejante ejército de obreros como el de
nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡Cuán pronto se proveería a
todo el mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir!
(Consejos para los Maestros, p. 540.)



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