viernes, 7 de julio de 2017

El poder de la influencia

EL PODER DE LA INFLUENCIA
Experiencia personal



En el seminario recibido acerca del poder de la influencia, estuvimos analizando el episodio bíblico en el cual Josué y Caleb fueron como espías a la tierra prometida junto con 10 compañeros más. Estudiamos cómo estos dos héroes de la biblia, no se dejaron influenciar del resto de sus compañeros, a pesar de que ellos eran mayoría y tenían casi todo el pueblo a su favor.

Estudié toda mi primaria y parte de la segundaria en el Colegio Adventista Libertad de Bucaramanga. Allí crecí con compañeros adventistas en su gran mayoría. A decir verdad, no era de los más consagrados de mis amigos. Sin tener ningún cuidado de “dar buen testimonio” porque se suponía que casi todos ya conocíamos el evangelio, se veían actitudes y se escuchaban palabras nada dignas de un cristiano entre nuestro grupo de amigos. Pero a nadie le parecía extraño, simplemente nos dejábamos llevar por la mala influencia de algunos y para nadie estaba tan mal.

La situación económica en mi casa no estaba bien, así que se tomó la decisión de que estudiaría en un colegio público los últimos tres años del bachillerato.

Cuando llegué al nuevo colegio, el cual es muy grande y de no muy buena fama debido a lo difícil de controlar a tanta gente, la situación para mi cambió radicalmente.

Entré a estudiar en el horario de la tarde y la hora de salida era a las 6:30 de lunes a viernes. Sentía que debía hacer algo, solicitar un permiso, hablar con mi profesor de turno, no sabía qué pero no podía estudiar durante las primeras horas de clase. Sabía que estaba mal y que no le agradaba a Dios.

La primera semana no tuvimos clase el viernes, me salvé. Pero llegó el viernes de la segunda semana y yo no había solucionado nada. Se acercaban las horas en las que se ocultaba el sol y yo solo oraba pidiéndole a Dios que me ayudara. Mientras hacía esto, se fue la energía eléctrica y nos dejaron salir temprano a todos. Otra vez me salvé pero esto no iba a pasar durante todo el año...

A la siguiente semana, por alguna situación, me di cuenta que tenía una compañera adventista en mi salón de clases, así que después de conocernos y hablar un poco, nuestro tema obligado fue el de solucionar nuestra situación con el estudio de los viernes de noche.
Rápidamente decidimos ir a hablar en la coordinación y con la carta de la iglesia como soporte, pudimos obtener nuestro permiso para salir temprano de clases cada viernes.
La intriga del resto de nuestros compañeros de clase al vernos salir temprano cada viernes, no se hizo esperar. Así que pronto todos sabían que éramos diferentes, Adventistas del séptimo día.

La situación en el nuevo colegio era totalmente diferente. Un lugar grande, con gente que hasta ahora estaba conociendo, demasiado libertinaje, invitaciones a ir a beber o fumar, a jugar fútbol en sábado, entre otras cosas.




Pero Dios puso en mi mente otro pensamiento, debía mantenerme firme y dar buen testimonio, debían ver en mí a una persona diferente, y eso traté de ser. Para la gloria de Dios, a pesar de las malas influencias, pude dar a conocer a nuestro Dios en medio de un ambiente pesado, en medio de las malas influencias, me mantuve firme. Sé que muchos quedaron impresionados con nuestro testimonio de no estudiar los viernes en la noche y recordarán que existe un grupo de fieles guardadores del sábado, que son personas diferentes y que honran a Dios a pesar de las circunstancias y el ambiente que les rodea.



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