EL PODER DE LA INFLUENCIA
Experiencia personal
En el seminario recibido acerca del poder de la
influencia, estuvimos analizando el episodio bíblico en el cual Josué y Caleb
fueron como espías a la tierra prometida junto con 10 compañeros más.
Estudiamos cómo estos dos héroes de la biblia, no se dejaron influenciar del
resto de sus compañeros, a pesar de que ellos eran mayoría y tenían casi todo
el pueblo a su favor.
Estudié
toda mi primaria y parte de la segundaria en el Colegio Adventista Libertad de
Bucaramanga. Allí crecí con compañeros adventistas en su gran mayoría. A decir
verdad, no era de los más consagrados de mis amigos. Sin tener ningún cuidado
de “dar buen testimonio” porque se suponía que casi todos ya conocíamos el
evangelio, se veían actitudes y se escuchaban palabras nada dignas de un
cristiano entre nuestro grupo de amigos. Pero a nadie le parecía extraño,
simplemente nos dejábamos llevar por la mala influencia de algunos y para nadie
estaba tan mal.
La
situación económica en mi casa no estaba bien, así que se tomó la decisión de
que estudiaría en un colegio público los últimos tres años del bachillerato.
Cuando
llegué al nuevo colegio, el cual es muy grande y de no muy buena fama debido a
lo difícil de controlar a tanta gente, la situación para mi cambió
radicalmente.
Entré
a estudiar en el horario de la tarde y la hora de salida era a las 6:30 de
lunes a viernes. Sentía que debía hacer algo, solicitar un permiso, hablar con mi
profesor de turno, no sabía qué pero no podía estudiar durante las primeras
horas de clase. Sabía que estaba mal y que no le agradaba a Dios.
La
primera semana no tuvimos clase el viernes, me salvé. Pero llegó el viernes de
la segunda semana y yo no había solucionado nada. Se acercaban las horas en las
que se ocultaba el sol y yo solo oraba pidiéndole a Dios que me ayudara. Mientras
hacía esto, se fue la energía eléctrica y nos dejaron salir temprano a todos.
Otra vez me salvé pero esto no iba a pasar durante todo el año...
A
la siguiente semana, por alguna situación, me di cuenta que tenía una compañera
adventista en mi salón de clases, así que después de conocernos y hablar un
poco, nuestro tema obligado fue el de solucionar nuestra situación con el
estudio de los viernes de noche.
Rápidamente
decidimos ir a hablar en la coordinación y con la carta de la iglesia como
soporte, pudimos obtener nuestro permiso para salir temprano de clases cada
viernes.
La
intriga del resto de nuestros compañeros de clase al vernos salir temprano cada
viernes, no se hizo esperar. Así que pronto todos sabían que éramos diferentes,
Adventistas del séptimo día.
La
situación en el nuevo colegio era totalmente diferente. Un lugar grande, con
gente que hasta ahora estaba conociendo, demasiado libertinaje, invitaciones a
ir a beber o fumar, a jugar fútbol en sábado, entre otras cosas.
Pero
Dios puso en mi mente otro pensamiento, debía mantenerme firme y dar buen
testimonio, debían ver en mí a una persona diferente, y eso traté de ser. Para
la gloria de Dios, a pesar de las malas influencias, pude dar a conocer a
nuestro Dios en medio de un ambiente pesado, en medio de las malas influencias,
me mantuve firme. Sé que muchos quedaron impresionados con nuestro testimonio
de no estudiar los viernes en la noche y recordarán que existe un grupo de
fieles guardadores del sábado, que son personas diferentes y que honran a Dios
a pesar de las circunstancias y el ambiente que les rodea.


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